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   Columnas de opinión                    
 
(17/03/17)

Compartir en Facebook Las palabras y las cosas

Por José Luis Bruzzone
 
Licenciado en Sociología. Profesor a cargo de la Cátedra Libre de la UNNOBA Tierra, Techo y Trabajo.
 
Durante 2016, Tierra, Techo y Trabajo (Cátedra Libre de la UNNOBA) se concentró en el análisis de la realidad económica y social argentina, prestando particular atención al impacto de las políticas implementadas por Cambiemos. Nos interesaba entender hacia dónde se encamina el país, atento a que el nuevo gobierno proclama una "refundación", un "nuevo rumbo", una "nueva Argentina". Nuestro aporte, creemos, es exponer el contenido real de esos conceptos basándonos en toda la evidencia disponible. La utopía de las ciencias sociales es llegar a predecir el futuro.
 
La pregunta que buscamos responder es ¿cómo es el nuevo modelo de desarrollo que tiene más probabilidades de implantarse en nuestro país en este tiempo histórico? Responderla implica considerar no solo el proyecto, los objetivos y aspiraciones de la Alianza gobernante (lo manifestado hacia el público y lo que prefieren que no se publique), sino también las resistencias que debe enfrentar y los condicionantes de la coyuntura internacional que también se está reconfigurando. Es en el resultado de esas interacciones donde el nuevo modelo se irá cristalizando. No será el resultado de un plan, sino de la lucha entre actores contrapuestos.
 
En estas semanas, por ejemplo, observamos que la protesta social se manifiesta en las calles y dificulta los planes del gobierno. Detengámonos un momento en el discurso del Presidente ante la Asamblea Legislatiiva el 1 de Marzo en el que, se supone, rinde cuenta de lo actuado el año anterior, da un panorama de la situación actual y expone sus planes para el futuro. 
 
Ahí, pudimos escuchar que hay "tres sueños" que siguen guiando al actual gobierno: "pobreza cero, combatir al narcotráfico y unir a los argentinos". El cumplimiento de los dos últimos es difícil de mensurar, pero sobre el primero ya se puede decir algo. El Indec, distintos institutos de investigación y la Universidad Católica Argentina concluyen que la pobreza ha aumentado exponencialmente en el primer año de gobierno de Macri y que esto ha sucedido como consecuencias de la implementación de sus políticas. Sin embargo, el diagnóstico oficial es el contrario: hay que insistir con esas políticas para bajar la pobreza. 
 
Vemos también que en las ideas que guían al equipo económico, la inflación es el principal flagelo a combatir. Del mismo discurso: "La inflación es tóxica. Destruye el salario de los trabajadores, dificulta ahorrar, paraliza la inversión y nos impide mirar a largo plazo". Pero al reducir retenciones a los productos agropecuarios y devaluar el peso generaron un alza generalizada de precios que fue récord en la historia reciente, con el agravante que perjudicó más a los que menos tienen y aplican mayor proporción de sus ingresos a comprar alimentos básicos. El deterioro del mercado interno, como corolario, genera un círculo vicioso de recesión y empobrecimiento. Tal es así que la Sociedad Comercio e Industria de Junín, que manifestó sus esperanzas positivas en los momentos difíciles de 2016, hoy parece haber perdido el optimismo. 
 
"Ya probamos con alta inflación: la economía crece menos y los salarios siempre son alcanzados y superados por ella". Macri no se refiere a 2016 (aunque debería) sino a los años precedentes, en los que (salvo en 2014) el salario siempre creció por encima de los precios. Es así que, según su propuesta, al negociar este año "Empresarios y trabajadores deberían tener en cuenta las nuevas metas que se ha impuesto el Banco Central para el 2017 de una inflación entre el 12% y el 17%.". Ni una palabra respecto al deterioro del poder adquisitivo del salario durante el año pasado, en que hasta el mejor convenio conseguido por un sindicato quedó siete u ocho puntos por debajo de la inflación. Lo que se le está pidiendo a los trabajadores es equivalente a pedirles que resignen su aguinaldo. Resignar ese 8% equivale a dejar de cobrar trece sueldos por año y empezar a cobrar doce. ¿Cómo piensan conseguir ese milagro? 
 
Los intereses económicos deben encontrar su representación en el sistema político. Esa representación, sin embargo, la mayoría de las veces no es explícita: en el mundo, todos los partidos dicen representar los intereses de las grandes mayorías, aún los que favorecen la concentración de la riqueza o desatan guerras para reactivar la industria armamentística. Por eso resulta imprescindible analizar los posicionamientos y las medidas tomadas por los políticos al mismo tiempo que los intereses económicos que resultan beneficiados. 
 
Dicho esto, resulta obvio que toda política genera perjudicados y ganadores. Y sin embargo, los discursos que lo niegan es música para demasiada gente. Por ejemplo: "Hay que acabar con el enfrentamiento que nos ha estancado y dar paso a una cultura del diálogo, de comprensión, de trabajo y entusiasmo"; "Estamos acá para construir una Argentina donde cada persona pueda proyectar la vida que espera"; "Sigamos colaborando unos con otros. Con la humildad y la madurez de entender que el cambio se logra juntos, día a día". Son frases extractadas del discurso que venimos analizando. "Políticas de Estado", eso que reclaman desde distintos sectores, parece ser la utopía de que los perjudicados acepten que su perjuicio sea para siempre y que lo hagan en un supuesto beneficio de todos (un "todos" que, paradojalmente, los incluye).
 
En esa visión los trabajadores argentinos deben aceptar que "para eso tenemos que terminar de convencernos de que somos la generación que vino a cambiar la historia, que vino a enfrentar el siglo XXI, que mira el siglo XXI diciendo: “queremos poner a la Argentina ahí, como un país integrado, justo, democrático, protagonista”. Y no poner palos en la rueda supone conceder que "Por eso, hoy les digo: la Argentina se está poniendo de pie. Por eso, hoy más que nunca tenemos que confiar en nuestra capacidad de hacer juntos, en nuestra capacidad de hacer, en el entusiasmo de hacer."
 
Estos apretados apuntes iniciales nos permiten una primera aproximación a la respuesta que buscamos y a la forma de trabajo que desarrollaremos durante el año. Los malos resultados obtenidos hasta aquí en lo económico y en lo social (recesión; aumento del desempleo, de la pobreza y de la indigencia; cierre de empresas que retroceden ante lo importado; transferencia brutal de ingresos desde toda la población hacia el diez por ciento más rico; endeudamiento externo y fuga de capitales) no son reconocidos por la conducción económica como resultado de sus políticas. Por lo tanto, es de esperar que intenten profundizarlas. La novedad, para todos salvo para ellos, es que ya no alcanza con una retórico unionista para contener a los perjudicados. "Necesito que crean que empezamos a caminar por el camino correcto" fue eficaz en Junio de 2016; hoy lo es menos.
 
Autor: José Luis Bruzzone
 

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