Miércoles 13 de diciembre de 2017

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Junín | Buenos Aires

Opinión 23/11/2017

La era de las “fake news”

Por Francina Tortorella


En los últimos tiempos, con el incremento en la utilización de la tecnología, los portales web cobraron mayor importancia. La gente comenzó a inclinarse por los diarios digitales y las redes sociales para informarse. 

Los medios tradicionales quedaron arrumbados por las nuevas tecnologías. El consumo de medios digitales aumentó notablemente y, con ello, las posibilidades de publicar información en Internet.  

Un ejemplo de esto son las redes sociales, como Facebook o Twitter. El usuario puede publicar un video, imágenes o información sobre un hecho acontecido. También tiene la opción de etiquetar o “arrobar” a periodistas o medios informativos. De esta forma, el posteo puede viralizarse, es decir, comienza a replicarse y toma un conocimiento aún mayor. 

Algo similar ocurre con Wikipedia, una enciclopedia digital que se encuentra en Internet y que es de acceso libre y gratuito. Este formato permite que cualquier persona modifique o agregue contenido en la página. 

Ambos ejemplos sufren el fenómeno de las “fake news” o de las noticias falsas. Esto ocurre gracias a la facilidad que tienen estos formatos para publicar datos. La información no es chequeada por nadie y los usuarios exponen información falsa. 

En el primer caso, los medios de comunicación deberían corroborar la certeza de la noticia antes de replicarla. Sin embargo, muchas veces no se toman dicho trabajo y se hacen eco de noticias falsas.  Esta situación refuerza la pérdida de credibilidad en este tipo de sitios. 

Pero hay quienes utilizan los sitios web en beneficio propio y en una escala mayor en comparación con los ejemplos anteriores. Este es el caso del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su campaña se basó en polémicas declaraciones sobre cómo actuaría si resultase electo como primer mandatario. La medida que más repudio generó a nivel mundial fue la construcción de un muro que divida su país con México, acompañado por el fuerte rechazo hacia los extranjeros. 

Sin embargo, y para sorpresa de muchos, Trump le ganó a su oponente Hillary Clinton.  Pero no lo hizo de una manera honesta. El entonces candidato por el Partido Republicano, creó portales web que, a través de noticias falsas, desprestigiaba a Clinton. 

Es decir, Trump tenía un ejército de personas que se encargaban de crear noticias que faltaban a la verdad, en detrimento de la candidata por el Partido Demócrata. 

Pero esto no fue todo. Los usuarios de las redes sociales compartían esas notas en sus perfiles de Facebook, volviéndolas masivas.

Según el diario digital español, La Vanguardia, “fake news” es el término más utilizado del corriente año y su uso aumentó un 365% “en parte, gracias a Donald Trump”.  

El concepto de noticias falsas fue elegido como palabra más empleada del año por los editores del Diccionario de Oxford.  Mientras que el año pasado, el término más usado fue “posverdad”. 

Esta palabra está fuertemente ligada a las noticias falsas.  En un artículo publicado por el diario La Nación,  el concepto “posverdad” será incluido en el diccionario de la Real Academia Española.  El director de la institución, Darío Villanueva, adelantó, si bien no está determinada su definición, su significado hace referencia a que “las aseveraciones dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público".

Pero estos fenómenos no ocurren solo en Estados Unidos. Podemos citar infinidades de casos que tuvieron lugar en nuestro país. El más reciente tiene que ver con Santiago Maldonado, un joven artesano de 27 años que desapareció en una manifestación junto a un grupo de mapuches, en la que también estaba presente Gendarmería. 

El periodismo suele intentar cumplir el rol de la Justicia, pero lejos de esperar que una voz autorizada explicara lo que pasó, se tomó el atrevimiento de arrojar todo tipo de hipótesis y “verdades absolutas”. 

Lo mismo ocurrió con los políticos. Mientras que la diputada del oficialismo, Elisa Carrió, manifestó que había posibilidades de que Maldonado estuviese en Chile, la expresidente Cristina Fernández de Kirchner, culpó a Gendarmería de la desaparición y muerte del joven. 

En el informe publicado en Clarín, denominado “La posverdad en el caso Maldonado” y escrito por Ricardo Roa, la postura de la ex mandataria se explica de forma muy clara: “Desde el primer momento ese relato les importó más que encontrarlo. Había que instalar la desaparición forzada no como hipótesis sino como verdad”. 

Allí entra en juego el fin de utilizar la mentira como una herramienta, disfrazándola de verdad. 

Pero volviendo a los medios de comunicación, todos opinaron sin un dato certero sobre el tema.  Una de las hipótesis que se arrojó es que el artesano había sido baleado o golpeado con una piedra por un gendarme. También se dijo que se ahogó en el río Chubut, que cruzó la frontera y se fue a Chile,  o que un puestero lo mató en Epuyén. También se llegó a decir que la “desaparición forzada” era una estrategia política del Kirchnerismo y que el joven estaba escondido. 

De esta manera, cada político y medio buscó generar en la gente determinados sentimientos que jugaran a su favor.

Pero este manejo inadecuado del periodismo no se da sólo en la actualidad. Si nos remontamos al año 2009 podemos observar la misma situación en el caso Pomar. Una familia que desapareció en el transcurso de un viaje desde José Mármol hacia Pergamino. 

Pasaron 24 días hasta que los encontraron, pero mientras tanto, los medios lanzaron teorías variadas. Fueron seis las hipótesis que se fueron tratando como verdades absolutas. 

Una de ellas exponía que la familia se encontraba fuera del país. Esto era algo improbable debido a que los documentos de las dos hijas de la pareja se encontraban en su vivienda. 

Una segunda “verdad” dicha por el periodismo es que tenían deudas y el padre de la familia se encontraba desocupado hacía tres meses. Por esta razón no podrían pagar la hipoteca de la casa y el posible prestamista era un hombre peligroso.  Por tal motivo, se habrían dado a la fuga. 

También se postuló la teoría del “padre asesino”. Esta idea tuvo como base los comentarios de allegados a la familia que sostenían que entre la pareja había desencuentros. 

Una cuarta hipótesis fue la del secuestro. También se relacionó a Fernando Pomar, quien era químico, con Cártel de Sinaloa, México. 

Por otro lado, se habló de un asalto, aunque tampoco había rastros ni pruebas de ello. 

El accidente fue uno de los posibles hechos. Pero luego de realizar rastrillajes aéreos y terrestres, y no encontrar nada, la hipótesis fue descartada. 

Sin embargo, luego de tantos días de desesperación por parte de los familiares, quienes soportaron todo tipo de teorías, los Pomar aparecieron muertos, a cincuenta metros de la ruta producto de un accidente automovilístico. 

¿Con qué derecho puede tratar el periodismo la desaparición de una familia de una manera tan impune?

La causa puede encontrarse en la importancia que se le otorga y que poseen los medios de comunicación. Es por esto que al periodismo se lo duele denominar como cuarto poder.  Tiene la capacidad de crear, delimitar o modificar la opinión pública, gracias a la fuerte influencia que tienen los medios dentro de la sociedad. 

Si bien se supone que el cuarto poder debe cumplir otras funciones que el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y  tiene que funcionar de manera independiente, en la práctica no siempre ocurre así. 

Hoy en día, cada medio tiene su línea editorial y elige publicar lo que beneficia a determinado partido político. 

Pero por otro lado, el periodismo también confunde su deber de contar de manera objetiva los hechos reales, con la tarea del Poder Judicial. Muchas veces juzga y opina sin tomar la profesión como tal. Es decir que intenta competir con la justicia, en vez de tratar las investigaciones de la misma como información o materia de trabajo. 

La consecuencia de esta forma de actuar que implementan los medios no logra una condena judicial, sino una condena social. Un ejemplo de esto se puede observar en el caso de Ángeles Rawson, la menor de 16 años asesinada en el año 2013, por Jorge Mangeri, portero del edificio en donde vivía.  

En un primer momento, los diarios y programas televisivos se encargaron de difundir que el padrastro de la víctima, Sergio Opatowski, habría sido quien la asesinó. Hasta la agencia estatal de noticias Télam publicó un artículo titulado “Caso Ángeles Rawson: un fax involucra al padrastro, la madre, la mucama y el taxista”. 

Mientras la justicia investigaba y trataba de encontrar al asesino, el periodismo intentaba hacer lo mismo, exponiendo a distintas personas que resultaron inocentes. 

Exactamente lo mismo ocurrió con el caso de Anahí Benítez, una adolescente de 16 años, violada y asesinada el 3 de agosto del 2017.  Esta vez, los medios actuaron de la misma manera y mostraron al profesor de matemáticas, Leonardo Agostino, de 40 años, como el asesino de Anahí. 

De la misma manera que procedieron con el caso de Ángeles Rawson, lo hicieron en este último hecho. Los periodistas expusieron a una persona inocente y lo acusaron de ser el homicida.  

La forma adecuada de tratar estos casos es esperar el dictamen de la justicia, no actuar como tal. Los medios no tuvieron en cuenta que alrededor de la información y opiniones que  difundían, estaban generando una condena social a gente inocente. 

En la era de las “fake news” y de la “posverdad”, el periodismo se maneja con total impunidad, respondiendo a intereses políticos y económicos. Esto conlleva a dejar de ser un poder independiente y comenzar a faltar a la verdad, manejando la opinión pública, para beneficio propio. 

Actuar de esta manera ayudó a que los medios de comunicación pierdan credibilidad.  Y aunque los términos “posverdad” y “fake news”, comenzaron a utilizarse en los últimos años, no se puede negar que las noticias falsas y la estrategia de apelar a los sentimientos por sobre los datos objetivos, no son estrictamente nuevas. 

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