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Miércoles 19 de diciembre de 2018

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Junín | Buenos Aires

Nota de Opinión 10/03/2018

Fuego y Libros: reflexiones a un lustro del incendio de la Biblioteca Municipal

Escribe Pablo Petraglia, Secretario Legal de la UNNOBA, ex Presidente del Concejo Deliberante.


Hace cinco años, en el medio de un legítimo reclamo por Justicia ante el homicidio de Karen Campos, algunos inadaptados incendiaron la Biblioteca Municipal “Bernardino Rivadavia”. Así Junín se sumó a una lista mundial lamentable en donde la dupla “libro y fuego” es la protagonista excluyente de la barbarie.
Quemar bibliotecas fue desde la Antigüedad símbolo de salvajismo. A cada uno que se quería retratar para la posteridad como enemigo de la civilidad, el cliché de la quema de libros era de lo más destacado. Podría haber violaciones, mutilaciones, matanzas, hambrunas, reducción a la servidumbre, saqueos y muchas otras tropelías, pero quemar libros es la distinción de la brutalidad. Así sucedió con Julio César y el califa Omar, ambos acusados –injustamente- de incendiar, en diferentes épocas, la Biblioteca de Alejandría.
La intolerancia es la chispa que enciende las fogatas. A la Córdoba culta y refinada de Al Hakam II con su inmensa biblioteca de 400.000 volúmenes, le siguió el fanatismo de Almanzor quemándola, y perdiendo gran parte de la cultura mozárabe.
En la Edad Media la quema de herejes cátaros o albigenses era normal, junto a judíos y leprosos. El proceso inquisitorio en las obras Practica inquisiotionis hereticae pravitatis de Bernardo Gui o el Malleus maleficarun de Kramer y Sprenger muestran una Iglesia activa en luchar con el fuego como arma ante aquellos que la desafían. Umberto Eco en la novela detectivesca medieval “El nombre de la rosa” nos cuenta del fuego y su efecto sobre fray Dulcino y los libros.  A don Alonso Quijano le queman la biblioteca en un lugar de la Mancha; la lectura lo había alucinado.
Los protestantes no se quedaron atrás. Miguel Servet fue quemado por los calvinistas. Los éxtasis místicos de los puritanos de la Nueva Inglaterra y sus procesos de quema de brujas han dado origen a toda una  literatura de hechizos y aquelarres. “Las brujas de Salem”, de Arthur  Miller, refleja aquellos procesos. Las pasiones políticas quemaron también a Savonarola, Giordano Bruno, y tantos más.
Ya sería un lugar común de la quema de libros citar al nazismo y su hoguera de la Bebelplatz. Más allá del hecho histórico, el infame momento es parte de la cultura popular a través del  film de Hollywood “Indiana Jones y la última Cruzada”.
Nuestra historia muestra sus quemas, como la relatada por Mario Bunge, sucedida en 1974 –pleno gobierno de Isabel- en el patio de la Facultad de Filosofía y Letra de la UBA, donde se apilaron para la purga ígnea a Marx, Freud, Piaget y para su horror, libros de su autoría. Las de la 1976 son parte de la noche negra argentina.
La autora local María Silvia Biancardi memora el hecho de la quema de la Biblioteca Municipal en su relato “Quemar las naves (y los libros también)” publicado en la Revista Rama Negra y con dolor trae la frase de  Heine: “Allí donde queman libros, acaban quemando personas”.
La contracara al fuego es fundar bibliotecas, mantenerlas y actualizarlas. Tener como referente esta institución –la Biblioteca- representa el símbolo más fuerte de la identidad cultural de una sociedad. Basta hojear libros sociales de Junín de antaño para entender que el club social y deportivo, la asociación de inmigrantes, el ateneo político, sostenían una biblioteca. El progreso estaba asociado a la lectura, el esfuerzo y el vuelo de la imaginación que traía este placer.
Junín tiene proyectado un nuevo emplazamiento para su Biblioteca Municipal con un concepto acorde a la era digital. Es misión de todos mantener vivo ese proyecto. Los libros no solo desaparecen por el fuego, basta simplemente el desapego de los responsables en la promoción de la cultura y la educación. Fernando Báez escribió en su libro “Historia universal de la destrucción de los libros” que la razón del uso del fuego es evidente, reduce el espíritu de una obra a materia. Los juninenses que amamos la cultura y los libros no vamos a dejar que la materia venza al espíritu, ni por aquel fuego de marzo ni por ningún otro fuego, pero mucho menos por el olvido o el abandono.

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